Sacramento del matrimonio

Nos casamos porque nos queremos, y queremos amarnos durante toda la vida.

 

Nos casamos porque nos hemos encontrado, estamos bien juntos, y hemos descubierto en nosotros algo muy fuerte que nos une y que nos hace sentir un muy hondo deseo de compartir nuestra vida.

 

Nos casamos porque las personas están hechas para eso: para compartir la vida; la viva vivida en pareja que proporciona una experiencia más profunda de lo que significa ser persona y enriquece el camino de cada uno de los dos, en el apoyo, la ayuda mutua, y permite paladear más intensamente las alegrías y hace más llevaderas las penas.

 

Nos casamos porque queremos trabajar y esforzarnos para que el amor y la unión sean cada vez más fuertes.  Queremos cuidar muy en serio nuestra relación, estar más atentos al bien del otro, no buscar solo el propio interés ni pretender tener siempre la razón, comprendernos y ayudarnos, perdonarnos siempre que sea necesario… ¡queremos amarnos de verdad!

 

Nos casamos porque queremos tener hijos y ayudarles a crecer: queremos sentir la ilusión de ver que nuestra vida es fecunda y es fuente de vida, y contribuir a que nuestros hijos prendan un estilo de vida que merezca la pena.

 

 

 Y NOS CASAMOS COMO CRISTIANOS

Nos casamos como cristianos en la Iglesia, porque lo somos.  Porque creemos que Dios está presente en nuestras vidas, en nuestro caminar.  Y queremos que Jesucristo nos acompañe siempre.

 

Nos casamos como cristianos porque queremos que el Evangelio de Jesús sea nuestro punto de referencia, el criterio de nuestras vidas: queremos que nuestro amor no nos encierre en nuestra vida de pareja, sino que nos haga muy abiertos a Dios y muy atentos a las necesidades de nuestros hermanos, los que están cerca y los que están lejos.

 

Nos casamos como cristianos porque nos produce una gran alegría saber que este hecho tan profundamente humano, el amor y el compromiso incondicional entre un hombre y una mujer, cuando son creyentes, es ya por sí mismo un sacramento, una presencia plena y visible de la gracia de Dios en la Iglesia y en medio del mundo.

 

Nos casamos como cristianos porque un día recibimos el sacramento del bautismo que nos hizo hijos de Dios y ahora, en el momento de unir nuestras vidas, queremos recibir ese nuevo sacramento, el del matrimonio: creemos que Dios nos dará su fuerza, su gracia, su Espíritu Santo, para que nuestra unión sea siempre un signo transparente de su amor.

 

ALGUNAS RECOMENDACIONES

1. Hablar, hablar, hablar… Hablar de todo, aprender a conocerse, descubrirse mutuamente.  Y ahí, hablar también del propio ser cristiano, de cada uno, y profundizar en ello como se intenta profundizar en todo lo demás; es un aspecto de la vida suficientemente importante y decisivo como para ir al fondo, y ver qué significa para cada uno de los dos, y qué compromisos implica.  Puede ser un buen momento, también, para hablarlo con otros: un amigo, un grupo de amigos, un familiar, un sacerdote…

2. ¿Y si uno de los dos no es creyente?  Si uno de los dos no es creyente (o simplemente no lo tiene claro, tiene dudas) también hablarlo: sería poco honesto dejar de lado este tema por el hecho de que uno de los dos no sintoniza con él.  Precisamente, si se trata de compartir lo que cada uno es y tiene, no tendrías mucho sentido que la riqueza de la fe no formase parte de lo que se quiere compartir.

3. Acostumbrase a rezar juntos.  Que la fe, la expresión de la fe, sea vivida como algo compartido.  Y merece la pena acostumbrarse antes de casarse.  Quizá al principio parezca algo forzado, pero poco a poco se irá convirtiendo en algo normal.  Puede hacerse de manera muy sencilla, pero hacerlo, es decir, tenerlo previsto. Leer alguna plegaria, leer algún texto de la Biblia, y quizá comentarlo, orar con el Padre Nuestro, el Ave María…unos momentos de silencio…cada pareja irá encontrando la forma de irlo realizando.  Es rezar juntos, participar juntos de la Eucaristía dominical, será una gran ayuda para reforzar el amor en pareja y la vida de familia.

4. Al establecerse en su hogar: Las cosas entran por los ojos y las personas funcionamos a base de signos.  De modo que tiene su importancia quede significado en la cada donde vayan a vivir.  Habrá que pensar, por tanto, en qué signos cristianos pondremos: una cruz, una imagen de la Santísima Virgen, en Navidad el pesebre.  Poner signos cristianos es también de mucha importancia para los hijos: a los niños, más que a los mayores, las cosas les entran por los ojos, por el ambiente cotidiano en el que crecen.

 

PARA TENER EN CUENTA

Presentarse en la parroquia donde residen el novio o la novia con por lo menos dos meses de anterioridad.  Todo sin prisa, con el tiempo necesario.

 

Preparar la documentación necesaria, esto es, registros civiles de nacimiento con nota para matrimonio, partidas de bautismo recientes y autenticadas; certificados de confirmación; fotocopias de las cédulas de los novios y de los padrinos; registros civiles o partidas de bautismo de los hijos, si los hay, y dos fotografiáis para documentos, por cada uno de los contrayentes.

 

El curso de preparación será en donde ustedes elijan, previo consejo de la parroquia sobre los distintos cursos que hay.

 

Conseguir dos testigos para el expediente que se llena antes del matrimonio, que los conozcan hace tiempo y den testimonio de ustedes.

 

PADRE, BENDICE NUESTRA UNIÓN

Padre Santo, autor de universo, Tú creaste al hombre y a la mujer a tu imagen y has bendecido la unión matrimonial.

Escucha nuestra oración, Padre. Que tu bendición descienda abundantemente sobre nosotros, y que la fuerza del Espíritu Santo llene nuestros corazones, para que los dos, en el gozo de nuestra mutua entrega, seamos para quienes nos rodean estimulo de amor, de fe y de esperanza, y que lo seamos especialmente para nuestros hijos.

Enséñanos Padre a alabarte en las alegrías y a buscarte en los momentos de dificultad.

Enséñanos Padre a orar, enséñanos a encontrarte también reunidos con la comunidad cristiana, que es nuestra Iglesia.

Haz que nuestra vida sea testimonio de tui amor, y haz que, después de una feliz ancianidad lleguemos a la alegría de tu Reino.

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